Por Dominicque Menanteau – Gustavo Adolfo Vivanco Viernes 29 de junio de 2018
A medida que avanza la sociedad, inevitablemente también lo hacen las necesidades de esta. La modernización y la tecnología han permitido el mejoramiento de la calidad de vida de las personas, pero en Chile siguen existiendo 5.020.000 personas en situación de pobreza, aunque ha habido esfuerzos no solo del Gobierno de turno, sino también de empresas privadas como Techo Chile o El Hogar de Cristo.
Hace 30 años el buen vivir se media por la salubridad y los ingresos monetarios, pero hoy vemos que un 94,7% de la población tiene alcantarillado –y en gran medida los sectores rurales son quienes no cuentan con este servicio-, un 9,3% vive hacinado y los índices de pobreza monetaria han disminuido de 39% en 1990 a 14,4% en el 2015, según el Ministerio de Desarrollo Social. Entonces, hoy, los parámetros de pobreza son distintos.
Ya no solo podemos hablar de pobreza haciendo alusión a la falta de ingresos monetarios, porque hay otros tipos de esta y en esta línea fue que se desarrolló el concepto de pobreza multidimensional, el que se refiere a la carencia de servicios que hoy son básicos como salud; vivienda; educación; seguridad social y trabajo, entre otros. Aunque estos elementos no son de vida o muerte se han convertido en indispensables para vivir de buena forma en el siglo XXI y en el Chile actual.
Lo interesante, es que ambos tipos de pobreza se entremezclan, pero no se condicionan. Según un estudio del Hogar de Cristo, teniendo en cuenta hogares con cuatro miembros, es posible concluir que uno con cero a dos carencias, pero con ingresos menores o iguales a $361.310 (que es la línea de la pobreza), clasifica como pobre monetariamente pero no multidimensionalmente. En este grupo corresponde al 8,8% de la población, lo que se traduce en 1.500.000 de personas.
En la misma línea, si una familia tiene 3 o más carencias de algún servicio básico e ingresos menores al límite de pobreza, se catalogan como personas pobres en ambos sentidos. Ellos ascienden a 950.000, o sea, el 5,5% de los chilenos.
Por otro lado, si el grupo familiar tiene ingresos mayores a los $365.000, pero posee más tres o más necesidades no satisfechas, se consideran pobres a nivel multidimensional. Esta categoría corresponde al 14,9%, o sea, 2.570.000 de personas. Y, en contraste con todo lo anterior, quienes no tienen ningún tipo de pobreza suman 12.200.000 de personas, o sea, un 70,8% de la población.
Campamentos
Para que un asentamiento sea considerado un campamento deben existir ciertas condiciones:
1) Al menos, deben estar incluidas ocho familias.
2) Contigüidad habitacional, lo que se traduce en que el espacio total que ocupan las personas debe ser menor o igual al número de viviendas multiplicado por 350.
3) Ocupación ilegal de terreno y servicios como luz, agua y alcantarillado o fosa séptica.
Y si bien en Chile ha habido avances respecto a la superación de la pobreza, aún queda mucho por hacer y así lo dejan en evidencia los estudios realizados por Techo, organización que busca erradicar esta situación no solo en nuestro país, sino también en el resto de Latinoamérica.
El catastro hecho por esta empresa reveló que en el 2016 se registraron 660 campamentos y 38.770 familias vivían en ellos, pero esa cifra aumentó y para el 2017 esos números ascendieron hasta alcanzar 700 y 41.000, respectivamente. Valparaíso, la región del Bío-Bío y Santiago son el top tres de concentración de estos espacios.
La primera en la lista es la Región de Valparaíso donde los campamentos se reparten entre la ciudad con el mismo nombre y Viña del Mar, llegando a ser 162, tres más que el año anterior. En ellos viven 10.037 familias, o sea, 35 menos que el 2017. Algo interesante es que solo el 4,9% de los sitios están construidos en zonas rurales.
El segundo puesto es para la VIII Región, donde el 2017 habían 7.484 familias repartidas en 130 campamentos; en 2016 habían 132 y 16 familias más. La mayor concentración de asentamientos de este tipo está en Talcahuano, Lota y Concepción. El 83,3% de ellos son de carácter urbano.
El último lugar es para Santiago, donde hay 81 campamentos donde residen 4.337 familias y se concentran en las comunas de Maipú, Lampa y San José de Maipo. En el año siguiente estas cifras no se modificaron. A diferencia de las otras ciudades, el 21% de ellos son de carácter rural.
En definitiva, pese al trabajo realizado por distintas organizaciones y el Gobierno, el número de campamentos creció un 48%, siendo una cifra alarmante. Las condiciones de pobreza son distintas, por lo tanto el enfoque para resolver esta problemática debe variar y los desafíos son otros, pues las necesidades lo son.
Desigualdad
Aunque hoy ya no solo es necesario tener en cuenta la pobreza monetaria no significa que no sea un elemento altamente relevante, pues es en este ítem donde se puede apreciar con mayor claridad la desigualdad.
Según el Coeficiente Gini - que es una medida económica para calcular la desigualdad de ingresos entre las personas en un territorio específico- en Chile se ha disminuido esto considerablemente entre 2006 y 2013, donde se redujo en casi 15 puntos el desequilibrio; de 29,1% pasamos a 14,4.
Sobre esto, el 2017 salió a la luz el libro “Desiguales”, el que pertenece al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y escrito por el economista Osvaldo Larrañaga, el sociólogo Raimundo Frei y el ingeniero y sociólogo, también, Matías Cociña.
En el texto se plantea que la desigualdad ha sido una tónica en Chile desde que se formó, o sea, de los tiempos de la Colonia donde la repartición de tierra fue para los españoles. Exponen esto no con un afán nacionalista, sino porque afirman que desde esa época existe un sistema que se ha mantenido y por eso no ha sido posible superar la falta de equidad por completo, aunque se han hecho esfuerzos y la brecha es cada vez menor debido al crecimiento de los sueldos mínimos.
Aunque otros economistas sostienen que la brecha seguirá haciéndose menor debido a que las nuevas generaciones son menos desiguales en educación, el PNUD no cree lo mismo y sostiene que el mercado laboral no podrá absorber a todos los trabajadores y también, que la tecnología y la automatización pueden ser muy peligrosas, porque son una amenaza para el empleo.
Para Chile eso representaría un gravísimo problema, porque ya es el país más desequilibrado en lo económico de América Latina, con 50.8 en el Coeficiente Gini.
En definitiva, pese al trabajo realizado por distintas organizaciones y el Gobierno, el número de campamentos creció un 48%, siendo una cifra alarmante. Las condiciones de pobreza son distintas, por lo tanto el enfoque para resolver esta problemática debe variar y los desafíos son otros, pues las necesidades lo son.
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